Propaganda Política Digital

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En su libro “Propaganda” Edward L. Bernays escribió en 1928: “Los deseos humanos son el vapor que hace que la máquina social funcione. A no ser que los entienda, el propagandista no logrará controlar el inmenso mecanismo de engranajes más o menos unidos entre sí que es la sociedad moderna.”

La aseveración de Bernays, padre de las relaciones públicas, sigue vigente, en lo esencial los propagandistas políticos tienen la misma tarea de dar a conocer las propuestas de los candidatos y al mismo tiempo conectar estas propuestas con las emociones de los votantes.

Sin embargo, el avance tecnológico ha cambiado drásticamente hoy contamos con las herramientas digitales más avanzadas para realizar esta propaganda de una forma precisa.

Hoy es posible microsegmentar al electorado para conocer a profundidad sus características duras y blandas.

El gran problema radica en que los profesionales de la consultoría política y los propios políticos ignoran las posibilidades de las herramientas digitales y su correcta aplicación, reduciendo estas poderosas herramientas a escaparates unidireccionales casi estáticos, que utilizan sólo para alimentar su ego y contar número de seguidores cómo su mejor indicador.

Una estrategia digital no es participar de forma aislada en redes sociales, no es publicar fechas memorables, frases optimistas, esquelas, condolencias o fotos del candidato mostrando su opulencia, benevolencia o eficacia. La verdadera estrategia digital pretende generar o utilizar las poderosas bondades del big data, implica administrar y procesar grandes cantidades de información ciudadana y ordenarla en enormes bases de datos lo que nos permite consumir esa información para la toma de decisiones políticas, gubernamentales y sobre todo para la construcción de estrategias.

La estrategia política digital implica un salto incalculable que va de la última herramienta electoral, que fue la encuesta, al social media que tenemos ahora, la posibilidad de medir hoy es más efectiva, más veloz, más precisa, más amplia, más potente…

La estrategia digital implica los datos duros de siempre, más los datos blandos, es decir; comportamientos, gustos, intereses, reacciones, geolocalización, necesidades de los ciudadanos, sus temores, sus costumbres, sus valores, su cultura, sus horarios etc. con ello se presenta la enorme posibilidad de microsegmentar, medir cada uno de los mensajes, analizar los sentimientos a partir de ellos, elegir los espacios digitales dónde están nuestros votantes, entre otras cosas.

Esto da la posibilidad de hacer tiros de precisión con gran frecuencia, a gran escala, permanentemente y de una forma semiautomatizada, en donde cada tiro que se envía devuelve una medición para qué cada siguiente envío sea más preciso.

A modo de ejemplo, una estrategia digital basada en Facebook debe estar dirigida a captar el voto táctico focalizado en el comportamiento y gusto de las personas que viven en la comunidad de influencia, se microsegmenta el electorado, se determina cual es el voto duro, el voto útil y el voto imposible, como Facebook no es un espacio físico sino conjuntos de personas se carga todo el esfuerzo a los votantes útiles, se hace una campaña distinta para afianzar el voto duro y otra para neutralizar a los votos imposibles, y todo ello se mide todos los días.

La estrategia política digital es un proceso complejo en su operación hay que analizar todos los elementos y tener grupos de personas muy claros, entender cuáles son los mensajes que interesan a esos públicos, introducir mensajes  partir de storytelling y neuromarketing, localizar a esos públicos por sus perfiles de Facebook, twitter, instagram, Pinterest, tiktok, youtube, twich etc. También es planear un contraataque, pero no un grupo de bots desprestigiando al oponente, eso es vulgar y corriente, hay que hacer mediciones, ganar los tráficos vía SEO, capturar la visibilidad, hacer que la gente esté interesada en nuestros mensajes, en nuestra propuesta, en nuestro candidato.

Una verdadera propaganda política digital debe considerar como mínimo; conversión, CRM, programática, analítica, performance, SEO, usabilidad, geomarketing, y social data driven, los propios términos pueden sonar complejos, la implementación lo es más, requiere conocimiento y dinero.

Es momento de dar un salto y modernizar la comunicación política para insertarla en las nuevas herramientas pero en una forma profesional.

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Alfredo Salazar Olivera

Consultor en Comunicación Política y Corporativa

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